Ermita de Ntra. Sra. de Bonanza – Datos históricos

La fundación de la ermita de Nuestra Señora de Bonanza se debe al alférez Salvador Hernández o Fernández y a su esposa María Toledo, quienes, por considerar una prioridad atender las necesidades espirituales de los vecinos de la zona alta del Valle de Aridane, obtuvieron licencia, el 19 de abril de 1691, del entonces vicario general y deán de la Santa Iglesia Catedral de Canarias, en sede vacante, doctor don Diego Vázquez Botello, para poder hacerlo en un sitio de su propiedad, junto a las casas de su habitación, que, su tanque y huerta, se levantaban en el antiguo camino real de El Paso, en frente y al otro lado de donde se habían de iniciar las obras.

El lugar elegido fue un cruce de caminos en el punto conocido como “La Venta”, a la vera de la principal ruta de comunicación de La Palma. Atravesando la dorsal de la isla por el camino de la Cumbre, esta vía enlazaba la ciudad capital de la isla con el valle de Aridane y el puerto de Tazacorte. Germen del futuro desarrollo urbano del actual casco histórico, en torno a ese pequeño templo, erigido en las proximidades de aquella primera venta o mesón que atendía las necesidades de los caminantes, se fueron construyendo casas y viviendas, y asentando otros vecinos que, con el andar de tiempo, constituirían el núcleo poblacional de la actual ciudad de El Paso.

Foto finales del siglo IXX.

Foto finales del siglo XIX.

El 26 de mayo de 1691 el vicario de la isla de La Palma concedió su correspondiente autorización para dar comienzo a la nueva fábrica, confiada a la pericia del mejor cantero y albañil de la isla, el maestro Francisco Sánchez Carmona (1626-1696), artífice que no sólo trabajo en La Palma sino que desarrolló una actividad itinerante por diferentes islas del archipiélago, de modo que su prestigio como tallista de la piedra mereció encargos tan importantes como la casa de los poderosos marqueses de Celada en la Villa de La Orotava (1663) o las del mayorazgo de Ponte-Ximénez en Garachico. En sus últimas voluntades, también hizo mención, en el codicilo que otorgó el 23 de abril de 1696 ante el escribano Antonio Vázquez, de la deuda que el alférez Salvador Hernández había contraído con él del “resto de la fábrica de la hermita que esta haziendo en el Pazo”.

La escritura de dotación del templo pasó ante el escribano Andrés de Huerta el 19 de abril de 1692. Sin embargo, el alférez Salvador Hernández falleció sin haber concluido la obra. Su viuda María Toledo falleció mucho tiempo después, el 14 de junio de 1722, y fue enterrada en la iglesia parroquial de Nuestra Señora de los Remedios de Los Llanos de Aridane, en la sepultura donde había sido exhumado su marido. Fue su última voluntad que, una vez que tuviese “efecto el acauarse la hermita de Nuestra Señora de Bonansa, que está comensada a fabricar onde dizen La Venta del Paso”, los huesos de ambos fuesen trasladados a aquel recinto. Como la ermita estaba aún sin cubrir de madera y tejas, poco antes de morir María Toledo, ante la falta de medios económicos, cedió, renunció y traspasó el derecho de patronato que poseía sobre ella en el capitán de caballos y corazas don Juan Agustín de Sotomayor y Massieu —a quien nombró su albacea testamentario— con la condición de acabar y perfeccionar el recinto, todo ello en virtud de escritura pública suscrita en Los Llanos ante el escribano Francisco Nieves el 12 de enero de 1722.

Antigua-mediados-del-siglo-XX

Foto mediados del siglo XX.

En los años siguientes, el maestro Bernabé Fernández (1674-1755), el tracista, carpintero y tallista de mayor personalidad en la isla, debió de fabricar sus espléndidas cubiertas mudejáricas de madera de tea, en especial la de la capilla mayor, adornada con encintados, lacerías y tallas de gusto barroco, muy semejantes a las que el mismo artista realizó para la iglesia de San Juan Bautista de Puntallana (1717-1719) y para las casas Massieu Monteverde (Pérez Volcán, 1) y They (Álvarez de Abreu, 57), en Santa Cruz de La Palma. Finalmente, durante la visita del obispo don Pedro Manuel de Dávila y Cárdenas, la ermita fue bendecida, el 9 de julio de 1733, de orden del mismo prelado, quien la encontró “decente” aunque todavía a falta de concluir del todo.

Tras la bendición y entronización de la imagen de Nuestra Señora de Bonanza, se creó la cofradía de la misma advocación, dedicada a tributar culto a la imagen de la patrona con las limosnas que se recogían por las eras, lagares y por las puertas de las casas, en trigo, mosto, seda, dinero y aguinaldos, así como las que dejaban los devotos en la alcancía o arquilla de la Virgen y el ganado de su propiedad. Poseía así, según las cuentas rendidas por el mayordomo Antonio Fernández Pino en 1778, 1782 y 1789, una becerra que había dado de medias Juana Barreto, dos corderos que el mayordomo tenía a cuenta de cofradía, otros dos corderos que estaban en La Caldera y una cerda a medias con Salvador Sosa, ingresos que también incluían el producto de la miel y la cera de la colmena de Nuestra Señora, la lana de las ovejas o la venta de una vaca. Para pedir limosna se hizo asimismo una capillita portátil con una imagen de la Virgen con su corona, lunita y nicho, con un costo de 29 reales y 14 maravedís, y una pipa nueva para encerrar el vino. En 1782 se mandó comprar además, con las limosnas que se recaudasen entre los devotos, los vidrios competentes para cubrir el nicho de la santa imagen, a fin de que los ratones no le hiciesen daño en la ropa.

Foto mediados del siglo XX.

Foto mediados del siglo XX.

Esta ermita se visita por primera vez el 9 de julio de 1733 por la autoridad eclesiástica, bendiciéndose ese mismo día, aunque aún no se encontraba totalmente terminada.